jueves, 4 de diciembre de 2014

En blanco



Es difícil ponerse frente al folio en blanco. O la pantalla, lo mismo da. La sensación de haber empezado algo bonito y doloroso a la vez, algo que te ronronea desde que hacías las redacciones en el cole y en el instituto con buena nota y que por una cosa u otra no has hecho más que aparcar. Siempre te dices a ti mismo que esto no está hecho para ti, que los pájaros en la cabeza son sólo eso, pájaros. Está muy bien eso de hablar contigo mismo sobre el amor, la soledad, las cosas cotidianas, las tuyas y las mías, las de todos. Es muy bonito, en tu cabeza suenan de puta madre, pero… El pánico que te entra al ponerte frente al papel de madrugada en el trabajo, los miedos de encender el ordenador  a la vez que la bombilla se va apagando lentamente. No sé cómo se puede sentir cualquier escritor, pero puedo imaginármelo. Yo, que apenas he escrito treinta páginas medio decentes y ya me siento bloqueado, aburrido, imaginándome por un momento ser algo más porque cuatro amigos me han dicho que está muy bien lo que he publicado en el blog. Ya me vale.
Escritor, vaya palabra. Le tengo demasiado respeto a esa palabra, a ese oficio, como para pretender ser yo algo parecido. Juntaletras, “escribidor” o contador de historias. Todo eso, pese al uso peyorativo que se hace de algunas de esas palabras, es algo que puedo desear. En mi cabeza dan vueltas miles de historias. Deslavazadas, inconexas, por completar. La mayoría son recuerdos de la niñez, de la juventud, algunas muy cristalinas, pues las viví en primera persona; otras me las invento, pues me las contaron de tantas maneras y tan distintas personas que prefiero hacer de ellas una historia nueva, con sus pedazos de verdad (reconocibles para cualquiera) y sus trocitos de leyenda. Me gusta partir de una historia real y adornarla por aquí y por allá. Soy del pensamiento de que no se puede escribir sobre algo de lo que no se sabe, algo desconocido. No podría inventarme una Tierra Media ni una Torre Oscura, ni un Cthulhu ni tan siquiera un hada madrina o algo similar. Eso se lo dejo a los genios. Mi sitio está en mi barrio, mi gente, mis vecinos. Costumbrismo o no, es lo único que me sale medio bien. Sé bien lo que sucede a mi alrededor, lo que preocupa a los que me rodean, pues es lo mismo que me preocupa a mí. Mis desvelos no son otros que los miedos de quedarme en paro, la soledad no buscada, el desamor, el hambre y la pobreza. Algo universal, me atrevo a decir. Vamos, que no invento nada, ni lo pretendo, claro. A veces consigo plasmarlo sobre el terrorífico folio en blanco; otras, como hoy, os cuento que estoy bloqueado y empiezo a divagar y soltar lo primero que me viene a la cabeza.
Ojalá supiera, me digo todos los días. Siempre he sido tímido, bastante introvertido menos con los que me quieren. Y aún así, sigo siendo un tipo raro, muy observador y callado. Escribir sobre lo que me preocupa o me intriga, sobre las cosas más mundanas, es una manera de desnudarme delante de la gente, ya sea conocida o no. Estos paseos del blog no dejan de ser eso, paseos por mi mente, pensamientos que están ahí, que a veces salen y la mayoría de las ocasiones no. Una manera de darme a conocer, a vosotros y, sobre todo, a mí mismo. Alguien me dijo una vez que hay que ser muy valiente para enseñar algo de tu puño y letra, quedarte en cueros y ser escudriñado. No sé. Yo siempre me vi demasiado cobarde, tal vez esto sea un asidero para no caer e intentar escalar hacia la valentía. Sigue dándome una vergüenza tremenda enseñar cualquier cosa escrita, pero es una especie de terapia conmigo mismo. Me enfado a menudo conmigo, por haber hecho o no haber dicho. Hacer esto, mal que bien, me da una especie de paz, aunque sea momentánea. Sentirme bien conmigo mismo, un par de horas, o menos, expulsando un par de demonios y algún sapo a través del teclado. Sumergirme en mi mente e intentar decir(me) algo, con una probable mala respuesta o la nada más absoluta.
Escribir o teclear para otros debe ser bonito, sabiendo que te van a leer, formando parte de ellos de una manera u otra. Yo, de momento, me conformo con saber que soy capaz de mirar dentro de mí y reconocerme, aunque sea un poco. 

Dani Paños

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